Así fue…el último adiós de Juan Gabriel

Publicado el 6 septiembre,2016 Por: Margarita Solano Abadía

Son las 4:15 de la tarde y algo sabe el cielo que todo hoy se pintó de gris. Algo habrá de pasar allá en el firmamento, que veinte minutos antes de la llegada de Juan Gabriel hecho cenizas al coloso de Bellas Artes en la Ciudad de México, el cielo lloró sobre 300 mil almas reunidas en tres filas infinitas.

Un hombre de estómago abultado se ha puesto un traje blanco que brilla al caminar. Desde el sábado pasado cuando confirmaron la muerte del ídolo que imita, montó guardia en el Palacio de Bellas Artes, le cantó, lo esperó y hoy está al centro de una cadena humana que corea con él “me miro en el espejo y veo en mi rostro, el tiempo que he sufrido por tu adiós. Obligo a que te olvide el pensamiento, pues siempre estoy pensando en el ayer. Prefiero estar dormida que despierta, de tanto que me duele que no estés”.

En las alturas, un helicóptero de la Policía Federal resguarda el cuadrante mas importante de la ciudad: El Banco de México, El teatro Hidalgo, La Torre Mayor y el edificio de Correo Nacional, que por un momento, parecen ser el centro histórico de cualquier ciudad europea. Pero no, las banderas que los visten en éste septiembre patrio, son rojas, verdes y blancas.

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Con flores, velas y una guitarra, seguidores de Juan Ga lo despiden en El Palacio de Bellas Artes.

La estación del metro como volcán en erupción, de gente tras gente dispuesta a esperar entre dos y cuatro horas para darle el último adiós al Divo de Juárez, El Elvis latino, el ídolo de un pueblo que aviva el recuerdo de una canción con la que conquistó al amor, lloró la traición, propuso matrimonio, dedicó a un ser querido, abrazó a una madre, despidió a un hijo.

En la primera fila que desde las dos de la tarde se abarrotó, una niña trenzada sostiene la foto de Juan Gabriel en un concierto en el Auditorio Nacional. En la segunda, una señora setentona reposa junto a su bastón mientras la fila avanza. En la tercera y última hilera, dos mexicanas llegan desde California, Estados Unidos y esconden sus cabezas de la lluvia con un plástico tan gris como el cielo mismo.

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El Mariachi Gama Miel interpretando más de cien canciones del Divo de Juárez.

De frente unas seis pantallas gigantes y una presentadora local que después de dos horas de transmisión no sabe qué más decir. Junto a la gente, un puñado aprovechó el duelo para vender llaveros, camisas, pulseras, discos, gorras, banderas, todo del hijo ausente.

El cielo ha dejado de llorar y las cenizas del hombre que compuso más de dos mil canciones y vendió 30 millones de discos -lo equivalente a venderle un cinco disco a  todos los habitantes de Bogotá, Colombia- se resguardan en una cajita dorada donde su hijo y amigos cercanos, montan guardia en piso de mármol traído de Italia.

Hace 26 años, el 12 de mayo de 1990, cuando Juan Gabriel se presentó por primera vez en el Palacio más elitista de la capital mexicana, ni él ni su mariachi imaginaron que su nombre fuera digno de un homenaje tan solemne. Bellas Artes no sólo es el recinto cultural más importante de Mexico, también la tradición lo ha convertido en la Capilla Ardiente más célebre de Latinoamérica; se trate de artistas de corte popular, o miembros de la clase intelectual en boga, el privilegio de poder recibir un homenaje póstumo en este recinto ha estado reservado para muy pocos.

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Urna con las cenizas de Juan Gabriel en El Palacio de Bellas Artes.

Personajes populares como Mario Moreno “Cantinflas”, Carmen Montejo, Chavela Vargas o artistas y escritores consagrados como Carlos Fuentes, Frida Kahlo, Octavio Paz y Gabriel García Marquez, han recibido en este recinto el último homenaje por parte del pueblo de México. Y es que recibir el último adiós en Bellas Artes no está exento de la polémica; sucede que no existe una reglamentación o un criterio claro que determine quien debe ser velado y quien no en este lugar.

Si bien es cierto el criterio depende única y exclusivamente del funcionario en turno, lo cierto es que es el Pueblo quien al final decide avalar este privilegio. Así, por ejemplo, mientras los funerales de Cantinflas duraron tres días, los de actores relativamente menores apenas y lograron llenar la sala principal.

No es el caso de JuanGa. Han pasado tres horas desde que la gente tuvo acceso al Palacio de Bellas Artes y desde la Torre Mayor la vista es de una alfombra tupida de cabezas sin que la vista alcance el final. Toda la noche de hoy y hasta mañana, la gente llegará y los mariachis cantarán.

Juan Gabriel gozó del privilegio de ser homenajeado en Bellas Artes avalado por la filosofía popular que superó filas de tres kilómetros para poder pasar unos cuantos segundos frente a esa pequeña caja de madera en la que dicen, reposaban los restos mortales de un cantautor inmortal.


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Publicado el 6 septiembre,2016 Por: Margarita Solano Abadía

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