Una luz en Potrero Grande 

Publicado el 24 enero,2017 Por: Joanna Carvajal

Carlos Mina es el líder comunitario del barrio Potrero Grande al oriente de Cali en Colombia. Técnico en electricidad y electrónica, desde hace 7 años dio origen a la fundación Manos a la Obra, iniciativa que surgió de la problemática que se vive dentro de esta comunidad.

Desde la fundación, se promueve el cuidado de niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad o en riesgo de ser víctimas de conflictos al interior de ese barrio. Desde acciones que unifican a todos los sectores que lo conforman , se realizan actividades de integración y participación para lograr la solución de dichos problemas.

Con el apoyo de entidades públicas y privadas como la Alcaldía, la Cruz Roja, Gases de Occidente, Corpoviviendo, entre otras, se llevan a cabo actividades en territorios de conflicto. La fundación asume un papel mediador para detener la guerra en varios sectores y romper las denominadas barreras invisibles “barreras que para la gente de la comunidad son visibles, ellos saben a dónde puede pasar y a donde no”, afirma Carlos.

Uno de los mayores logros que han conseguido dentro de la comunidad, es no numerar más los 12 sectores. Mediante reuniones con los grupos que tenían el control de esos territorios, se llegó a la participación de estos en acciones reconciliadoras para la comunidad. Ahora, estos sectores no son conocidos numéricamente, sino que son llamados por valores humanos; sector respeto, sector amor, sector solidaridad, entre otros. 

La tecnología: una nueva aliada

Carlos también es representante comunitario en el Tecnocentro Cultural Somos Pacíficos, un proyecto que está encaminado hacia jóvenes en riesgo y vulnerables al conflicto. Sus principales actividades están enfocadas al arte, cultura, convivencia, apropiación y embellecimiento de zona verdes de la comunidad.

Un día, al Tecnocentro Cultural Somos Pacíficos donde se encontraba Carlos Mina llegó una noticia inesperada: se trataba de una invitación para participar a un evento de emprendimiento que organizaba la Universidad Santiago de Cali. De repente, dos funcionarios de la Alcaldía de Cali le informaron que él y los demás líderes de la fundación eran aptos para participar en un concurso a nivel local.

El secretario del Alcalde, junto con Patricia, médica, y Andrés Ramírez trabajaban con la comunidad de Potrero Grande desde un tiempo atrás. A partir de los convenios con la universidad Santiago de Cali abrieron un espacio para que Luis y sus compañeros pudieran inscribirse en ese concurso.

Por esos días, Carlos estaba trabajando en la arquidiócesis de Cali. Inmediatamente rechazó la propuesta, pensando siempre en proteger su trabajo. Carlos dudó en ese momento que su jefe le daría permiso para ausentarse del puesto por 3 días que duraba el concurso.

A las 7:00 am del viernes comenzó el concurso. Salieron de su barrio todos los integrantes de Manos a la Obra con algunos elementos de aseo como jabón, cepillo de dientes y toalla. Además, llevaron dos mudas de ropa, ya que parte de la competencia consistía en quedarse en colchonetas con todos los integrantes del grupo de emprendimiento dentro de la universidad.

Antes de ir, Carlos siempre insistió en que no podía dejar su trabajo, pero los voluntarios llamaron al jefe de la arquidiócesis para que él no tuviera ningún problema con el trabajo. Después de eso, Carlos sintió un alivio. Ahora sí, podía dedicarse totalmente a la oportunidad que tenía en frente. 

Cuando llegaron, lo primero que pudieron observar fue a 300 personas por todos lados. En las escaleras, salones y por los pasillos donde se estaba organizando el concurso. Algunos ya habían improvisado las camas de sus grupos para pasar la primera noche. Todos entraron con la mirada perdida y un poco tímidos. Era otro mundo para ellos. En ese momento estaban reunidos los mejores estudiantes con las mejores ideas de emprendimiento de la ciudad, y por el lado del grupo de Carlos, él era el único representante que había tenido la posibilidad de estudiar.

La idea que debían presentar tenía que contener elementos innovadores e ir de la mano de las nuevas tecnologías. Carlos ya tenía en mente un proyecto sobre huertas, pero él notaba que no estaba bien desarrollado. Entre todos los integrantes del grupo decidieron unificar los conceptos y sacaron adelante esa idea que denominaron “Huertas Solidarias”.

Ese mismo día, el jurado les dio un minuto para exponer frente a todos el proyecto que iban a presentar. El líder, Carlos salió, y aunque confiesa que estaba asustado frente a tanto público, presentó la idea que había resultado de tantas charlas en el corto tiempo que le daban a cada grupo.

Al finalizar la tarde, las huertas caseras que había propuesto el grupo emprendedor de Potrero Grande clasificó entre otras 27 ideas para la final del domingo, que era el último día de participación.

Al día siguiente, desde muy temprano, todos comenzaron a preocuparse por pulir el proyecto, pues ya estaban dentro de los mejores. Carlos, una persona muy positiva, siempre alentaba a sus compañeros, y los animaba a terminar la idea que habían empezado entre varias personas más de la comunidad. 

Los mentores asignados, corregían cosas que metodológicamente no estaban bien, y orientaban la exposición final del grupo. La presentación debía ser mediante la herramienta del Pitch (comúnmente usado en el mundo del emprendimiento para exponer tu idea a comités de incubadoras, en eventos de búsqueda de fondos o incluso para buscar socios o colaboradores.)

El ultimo día fue decisivo. El grupo se preparaba para enfrentar quizás uno de sus mayores retos. Listo el pitch, Carlos presentó Huertas Saludables como una oportunidad para cultivar alimentos orgánicos desde los patios de las cosas. El objetivo de la propuesta es cambiar un poco el nivel de vida de las personas de Potrero Grande en relación con la alimentación, pues esta idea genera la posibilidad de que los mismos habitantes cultiven sus alimentos y mediante una aplicación (app) intercambien productos (trueque) o venderlos en convenio con pequeñas empresas.

Dicho todo esto, explicado por su líder, los jurados hicieron un par de preguntas. Ellos respondieron todas, y para asombro de Carlos y sus compañeros, los jueces de Guatemala, España y México los dieron ganadores.

Lo que viene para Manos a la Obra 

Después de ganar, uno de los premios es viajar a Bogotá. Este grupo va a realizar unos talleres en relación con emprendimiento, y mediante una empresa de la capital gestionar y acelerar la ejecución de su proyecto.  A finales de octubre de este año, Carlos y algunos de los integrantes de la fundación van a viajar a México, donde pretenden presentar la idea completa y desarrollada a una de las empresas patrocinadoras. Mediante esta gestión, se busca apoyar económicamente las ideas de emprendimiento que promueven las comunidades de Cali. Además, todos están recibiendo capacitaciones en la Universidad Santiago de Cali y talleres formativos en la Universidad Autónoma de Occidente.

Contexto de la comuna 21

En Santiago de Cali, Colombia, son muchas las situaciones que representan la vulneración de los derechos fundamentales de los niños y jóvenes. Teniendo en cuenta, que los derechos humanos de los niños y jóvenes se encuentran explícitamente enunciados en la Convención de los Derechos del Niño, Convención más ampliamente ratificada en la historia. 

Estos derechos también se encuentran en otros documentos internacionales, entre ellos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y las Convenciones Internacionales, la Personería de Cali se ha dado la tarea de realizar varias acciones de intervención dentro de esta comunidad. 

Publicado el 24 enero,2017 Por: Joanna Carvajal

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