EL CUARTO PODER VS DONALD TRUMP

Publicado el 8 noviembre,2016 Por: Pedro Pablo Aguilera

Cuando cualquiera revisa el papel y el lugar de los medios de comunicación en la campaña electoral de los EEUU se encuentra ante un hecho: Todos o casi todos los grandes medios estadounidenses están en contra Donald Trump.

¿Cómo luchar contra ese cuarto poder de los medios de su país y estar hoy a la par o encima de las intenciones de votos en las elecciones? ¿El cuarto poder dejó de serlo? ¿Es que Trump nos dejará al menos algo bueno en esta campaña al demostrar que los grandes medios no son tan grandes en su influencia y es el ciudadano mediático el que ha tomado el poder de la comunicación?

Al parecer es así. Donald Trump ha superado la avalancha continua de críticas que por demás son ciertas, de la prensa liberal y demócrata de CNN, Buzzfeed, UNIVISION, The Huffington Post, New York Times, CBS, Washington Post e incluso, las de FOXS News que es de filiación republicana y conservadora. También vence en redes sociales como Facebook donde tiene más de 12 mil seguidores contra 8 mil de Hillary Clinton, aunque con ella interactúan más.

Si el cuarto poder, ese que hemos escuchado desde los 70´ hasta hoy con Chomsky, Ramonet y Castells, fuera tan real, -con su maquinaria cuasi perfecta, cuasi exacta e infernal de manipular- Donald Trump no fuera más que algo que es, un clown haciendo política; pero no, ahora es un clown antisistema dentro del sistema.

La comunicación política ha de repensarse tras estas elecciones atípicas en los EEUU, pero también tomando la experiencias de la política mundial por estos tiempos. Trump gane o pierda ha demostrado que se le puede ¨ganar a los grandes medios de comunicación¨ y que estos, ya no son ese poder que llena libros de apocalípticas miradas sobre los comunicadores, periodistas y los medios.

Trump ha sabido aprovechar la gran plataforma mediática que al margen de la política, fuera construyendo desde su siempre postura polémica como empresario y lo que es más, como figura mediática por su relación con la empresa del entretenimiento (casinos y concursos de belleza y reality shows).

El anti candidato en la política norteamericana y mundial, hoy supo que tenía una clara visibilidad y como Pulitzer y Hearst comprendió que el escándalo, el amarillismo y el sensacionalismo mueve, atrae y entre la verdad y la mentira, entre veracidad y credibilidad, existen espacios en donde el ¨culpable puede llegar a ser víctima¨ y el ¨chico diferente¨ ser identificado como alguien como tú. Recordemos que el American Dream es eso, un sueño al alcance de todos.

Donald Trump ha actuado contra lo ¨políticamente correcto¨ en la tradición de los debates presidenciales que se iniciaran en 1960, justamente cuando la televisión pasara a ser un mediador central en la formación de la opinión pública norteamericana para quedarse definitivamente. Ha hecho del debate político una pelea de bar o cantina. No hay tema vedado o pudor. Todo vale y eso ha generado rating con un saldo sorpresivamente a favor del maltratador de mujeres, discapacitados, xenófobo y todo aquel que tenga un pensamiento liberal. Trump es un luchador sin reglas.

Es el antihéroe, el malo convertido en el Robín Hood de hoy. Mediáticamente cada crítica, cada escándalo ha sido una publicidad gratuita desde los grandes medios de comunicación para hacerlos de contradictores en sus aliados.

¿Entonces qué da la calidad de esos mensajes, de esos insultos, de esos disparates? Trump ha roto protocolos, esquemas y modales en los medios. Su desfachatez, soltura, ausencia de maquillaje, su agresividad verbal, gestual e histriónica, ha ganado a las grandes audiencias silenciosas por décadas, situados en ese sur que castañea por la pérdida de la Guerra Civil todavía, la masa de jornaleros, campesinos, pequeños propietarios o empleados de clase media-baja con un perfil educativo bajo, los marginales desempleados, desahuciados que no ven salida a la crisis en que los situó la administración Busch y hoy culpan al ¨nigger de Obama¨, en el centro y noreste del país, una gran masa de ciudadanos del rust belt, o llamado «cinturón del óxido» de su falta de futuro. Trump es su portavoz.

Con cada crítica a Trump, el alcanza visibilidad; y demuestra que es un gringo como muchos, con errores, defectos, común, que se quiere enfrentar a todos. La imagen que deja de Clinton es una mujer acartonada, justificativa ante sus errores, expresión de un continuismo y rodeada de muchos empezando por Obama. Comunicativamente esas comparaciones pesan y ganan espacios en aquellos que dicen ¨es mejor lo conocido que lo bueno por conocer¨. Ser rebelde hay veces que paga y en las redes sociales eso funciona. Está funcionando.

Finalmente Trump con sus trinos aparece como la voz de los que no tienen voz impulsando a hablar a muchos. Sus disparates y la capacidad de reconocer la incertidumbre de no tener plan, de que todo será sobre la marcha, es una estrategia de golpear a la clase analista a los ¨think tank¨ o gerentes de la política, la clase cool, distante de una realidad social en crisis. Es actuar diciendo que usted puede ser el. Es marcar que llevar la política hasta el nivel de los homelessness.

Hoy la comunicación gira desde y en las redes sociales; si usted no está en ellas, si usted no tiene impacto en ellas, no existe para bien o para mal. Las cifras afirman que Trump es el #1 hoy en todos los medios; tradicionales y digitales y desde agosto del 2015. Esto gracias al rebote que han generado los medios antitrump.

Publicado el 8 noviembre,2016 Por: Pedro Pablo Aguilera

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